Publicada en 1968, Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda, se ha convertido en una obra de referencia sobre el uso de plantas alucinógenas en prácticas chamánicas de las comunidades indígenas del suroeste de Estados Unidos y el norte de México. En su papel de antropólogo, Castaneda se embarca en una investigación etnográfica para entender el uso del peyote y otras plantas por parte de los yaquis, bajo la guía de don Juan Matus, un brujo yaqui. Lo que comienza como una exploración científica de las propiedades del peyote, la Datura inoxia y ciertos hongos, pronto se transforma en un proceso de aprendizaje espiritual, donde el autor experimenta estados de «realidad no ordinaria». A lo largo de la obra, Castaneda relata su inmersión en un mundo donde estas plantas no solo tienen propiedades medicinales o rituales, sino que son vías hacia un conocimiento profundo y místico, que desafía la percepción convencional de la realidad. En esta reseña, se analizará cómo Castaneda presenta estas experiencias, revelando la complejidad de la cosmovisión indígena sobre el uso de las plantas alucinógenas y su impacto en la percepción humana.
Se valora la obra de Carlos Castaneda no solo por el enfoque utilitario que se les da a las plantas alucinógenas, sino también por el respeto hacia ellas, el uso respetuoso y el valor espiritual. Si bien es cierto en la actualidad estas plantas chamánicas van perdiendo protagonismo, aún se conservan vivas estas costumbres en los centros de los países, en algunas partes alejadas o indígenas.
Don Juan usó por separado y en distintas ocasiones tres plantas alucinógenas: peyote (Lophophora williamsii), toloache (Datura inoxia syn. D. meteloides) y un hongo (posiblemente Psilocybe mexicana). Desde antes de su contacto con europeos, los indios americanos conocían las propiedades alucinógenas de estas tres plantas.
(Castaneda, 1968, p. 4)
La obra expone el conflicto entre la noción racional y espiritual, así como la relación del ser humano y las fuerzas de la naturaleza. Castaneda muestra que este conocimiento es poderoso. Puede ser tanto iluminador como peligroso; por eso, exige respeto y responsabilidad. De manera general es una reflexión sobre los límites del saber y el equilibrio entre el poder y la humildad frente a lo desconocido. A lo largo del fragmento se destaca la riqueza del conocimiento indígena sobre las plantas alucinógenas. Este existía mucho antes de la llegada de los europeos. Además, se subraya el profundo respeto y la comprensión detallada de la naturaleza que tenían los pueblos indígenas.
Esta es una obra que desafía la percepción convencional de la realidad, explorando el conocimiento espiritual y místico a través de las prácticas chamánicas y el uso de plantas alucinógenas.
Consideramos que su principal valor reside en cómo plantea el equilibrio entre el poder y el respeto hacia lo desconocido, destacando la fragilidad humana frente a fuerzas que van más allá de la razón. Este saber ancestral es una prueba de la capacidad para conectar con su entorno de manera respetuosa y significativa, algo que a menudo se ha subestimado o perdido con el avance de la ciencia moderna. Las plantas alucinógenas no solo se veían como sustancias para alterar la conciencia, sino que se consideraban entidades que reflejaban la sabiduría de los indígenas hacia ellas; por lo que su uso era cuidadoso y con un propósito claro. ¿Cómo podríamos integrar de manera respetuosa y consciente este conocimiento ancestral en el mundo moderno, donde muchas veces el uso de alucinógenos se da fuera de un contexto cultural o espiritual?
Tomando un botón de peyote, lo froté como él había hecho. Mientras tanto, don Juan canturreaba, oscilando a un lado y a otro. Traté varias veces de meter el botón en mi boca, pero me avergonzaba gritar. Entonces, como en un sueño, un alarido increíble salió de mí: ¡Aíííí! Por un momento pensé que se trataba de alguien más. De nuevo sentí en el estómago los efectos de un shock nervioso. Estaba cayendo hacia atrás. Me estaba desmayando. Metí en mi boca el botón de peyote y lo masqué. Tras un rato don Juan tomó otro de la bolsa. Me sentí aliviado al ver que lo ponía en su boca tras un canturreo corto.
(Castaneda, 1968, p. 33)
Se muestra una sensación de respeto y misterio hacia las plantas alucinógenas. La experiencia descrita no solo afecta el cuerpo y la mente del autor, esta abre la puerta a una dimensión más profunda. Lo alucinógeno se convierte en un modo de acceder a un conocimiento oculto sobre la naturaleza. De esta forma, la planta no es solo un ser biológico, también es una metáfora de la interacción del ser humano y fuerzas más grandes que él. Se refleja el frágil equilibrio entre la búsqueda de sabiduría y el riesgo de perderse en lo desconocido. A través de esta relación, se revela el respeto y el temor hacia la naturaleza. En ese mismo sentido, la experiencia narrada muestra la dualidad en el uso de plantas alucinógenas. Por un lado, sirven como vehículos para un mayor entendimiento de la realidad. Por otro, son fuerzas que pueden sobrepasar la capacidad humana de controlarlas. La planta, entonces, no es vista como una herramienta, sino una entidad que, manejada con sabiduría, puede abrir puertas a lo inexplorado. Sin embargo, el texto advierte sobre el peligro de subestimar su poder, lo que nos recuerda la importancia de mantener un equilibrio entre el conocimiento y la responsabilidad en el uso de los recursos naturales.
Esto sugiere que, aunque podamos intentar dominar la naturaleza, siempre debemos mantener el respeto y la prudencia ante lo desconocido. Esto demuestra la relación de Don Juan con las plantas. Él no solo las conocía, incluso las entendía y respetaba como si fueran viejos amigos o aliados, no simples herramientas para un fin, lo que nos lleva a pensar en nuestra propia relación con la naturaleza. ¿Dónde quedó ese respeto y la conexión profunda con las plantas y sus usos tradicionales?
Había estado experimentando breves destellos de disociación, o estados superficiales de realidad no ordinaria.
Un elemento de la experiencia alucinógena con los hongos recorría sin cesar en mis pensamientos: la masa de agujeros blanda y oscura. Continué visualizándola como una burbuja de grasa o de aceite que empezaba a tirar de mí hacia su centro. Era casi como si el centro fuera a abrirse y a tragarme, y en momentos muy breves yo experimentaba algo semejante a un estado de realidad no ordinaria.
(Castaneda, 1968, p. 62)
En esta parte muestra cómo el ser humano se conecta con otra realidad al usar plantas alucinógenas. En esas experiencias, las imágenes descritas, como la burbuja de grasa y aceite, representan una ruptura con la manera normal de percibir el mundo. Asimismo, sugiere una transición hacia algo más allá de lo que podemos tocar o ver. El viaje al centro de la experiencia alucinógena es un reflejo de una búsqueda de conocimiento fuera de lo común. En él, las barreras de la realidad se desvanecen. Esto destaca la capacidad de estas plantas para desafiar lo que creemos posible. Así pues, nos invita a razonar sobre la naturaleza como una fuente oculta de sabiduría. Al mismo tiempo, el fragmento expone de qué manera las plantas alucinógenas pueden actuar como portales hacia estados de conciencia ampliados, destacando los riesgos inherentes de perderse en lo desconocido.
Este pensamiento nos invita a respetar y manejar los recursos naturales con mucha precaución. Reconocemos que tienen el poder de alterar la percepción de la realidad. A su vez, subraya la importancia de mantener un equilibrio entre la curiosidad por lo místico y el respeto por las fuerzas naturales que están fuera de control. En este contexto, nos hace estimar sobre ¿En qué momento dejamos de valorar a la naturaleza como nuestra aliada? Antes, cada planta tenía un propósito y se le trataba con respeto, como algo vivo y con significado. Ahora, parece que nos hemos alejado de esa conexión, buscando más en lo artificial que en lo que la tierra nos ofrece. ¿Qué nos llevó a olvidar esa relación tan simple y esencial?
La yerba del diablo tiene cuatro cabezas: la raíz, el tallo y las hojas, las flores, y las semillas. Cada una es diferente, y quien se haga su aliado tiene que aprenderlas en ese orden. La cabeza más importante está en las raíces. El poder de la yerba del diablo se conquista por las raíces. El tallo y las hojas son la cabeza que cura enfermedades; bien usada, esta cabeza es un don a la humanidad. La tercera cabeza está en las flores y se usa para volver locos a los hombres, o para hacerlos obedientes, o para matarlos. El hombre que tiene a la yerba de aliado nunca toma las flores, ni tampoco toma el tallo y las hojas, a no ser que esté enfermo, pero las raíces y las semillas se toman siempre, sobre todo las semillas: son la cuarta cabeza de la yerba del diablo, y la más poderosa de todas.
(Castaneda, 1968, P. 17)
Transmite una profunda emoción de respeto y fragilidad ante el poder de la naturaleza, representado por la yerba del diablo. La sabiduría que encierra su uso refleja tanto la grandeza como la tragedia de tratar con algo tan poderoso. La planta, con sus cuatro cabezas, simboliza no solo el conocimiento oculto de la naturaleza, sino la fragilidad humana frente a lo desconocido. Existe un delicado equilibrio entre tratar con cuidado y el riesgo del mal uso, puede volverse contra el hombre. La tragedia radica en que esta planta, al igual que muchas fuerzas naturales, puede ser un aliado o un enemigo, y la línea entre ambos es tenue, lo que provoca tanta admiración y temor. La planta alucinógena, llamada la yerba del diablo y utilizada por los chamanes, es muy especial pero también peligrosa. No solo representa un recurso, sino un ser dotado de poder que, se maneja con sabiduría, brinda conocimiento; sin embargo, se subestima, puede traer tragedia.
Esto nos lleva a reconsiderar si estamos preparados para manejar los recursos naturales de forma responsable. Aunque hoy en día su uso se ha centrado en fines curativos, ya no se busca tanto el poder espiritual a diferencia de la antigüedad. Esto nos hace reflexionar ¿Cómo tratamos y entendemos la naturaleza? ¿Cuánto sabemos de las plantas y sus capacidades? Además, ¿podemos recuperar ese conocimiento perdido?
En definitiva, Las enseñanzas de Don Juan constituye no sólo un estudio etnográfico, sino una exploración profunda del vínculo entre lo humano y lo espiritual a través de la naturaleza. Las plantas sagradas yaquis, como el peyote y la Datura inoxia, no son simples alucinógenos; representan un saber milenario, un conocimiento que invita a la reflexión sobre la percepción de la realidad y la espiritualidad indígena. La obra de Castaneda nos recuerda la necesidad del equilibrio y respeto en la búsqueda del conocimiento, especialmente en un mundo donde la ciencia moderna a menudo desconecta al ser humano de su relación sagrada con la naturaleza.
Por Abanto Lezama, Kevin Milton; Alvarado Llovera, Johel Aldair y Obando Su, Ruth Madai.
Referencias
Castaneda, C. (1968). Las enseñanzas de don Juan: Una forma Yaqui de conocimiento. Editorial Fondo de Cultura Económica.